El calor de la chimenea dejaba una atmósfera cómoda y confortable.
El sabor del tercer café me bajaba por la garganta con un sabor demasiado amargo y caliente. Supongo que ya tenía el efecto acumulativo de los anteriores, como todo en la vida.
Todo se acumula y se acentúa. Todo se potencia al tragar como cuando trago al beber ese café.
He tragado momentos. He tragado desgracias. He tragado euforia. He tragado conversaciones, e incluso he tragado a determinada gente corriendo el riesgo de atragantarme.
Sin embargo, jamás he podido tragarme los sentimientos ni las emociones. Ni puedo, ni quiero. Podría seguir aplicándoles litros de saliva que nunca me ayudarán a "pasar el trago". Sé desde hace mucho tiempo que la mayoría no bajan al estómago para ser digeridos.
Se quedan en la garganta, moviéndose entre ellos, deslizándose, mientras esperan esos momentos de entropía gutural, que aceleran esas uniones, que catalizan esos vaivenes y se enredan. Se mezclan. Forman un nudo en la garganta rígido, duro, punzante.
Un nudo que, curiosamente, solo se traga cuando se llora, que solo se traga cuando se escupe.
"El cielo está cansado ya de ver la lluvia caer y cada día que pasa es uno más parecido a ayer..." Se escucha el "Inevitable" de Shakira mientras la tarareo entre susurros.
¡Claro que no podemos con todo, joder! No podemos. No mientas, no te engañes. No podemos. Y menos mal que es así. Es bueno no poder porque es bueno conocer nuestros límites. La resiliencia no se puede soltar al aire y creer que se expandirá hasta el infinito como el espacio cósmico. No lo hará.
No podemos y es necesario no poder. No podemos con la incertidumbre, no podemos con la distancia, no podemos con la soledad, no podemos no sentirnos queridos, no podemos esperar indefinidamente, no podemos sustituir la paciencia por resistencia, no podemos andar sin un apoyo que nos haga mover el mundo, no podemos con la muerte, no podemos con la vida. Yo no puedo.
Es tan necesario no poder... Necesitamos venirnos abajo, destrozarnos, desgarrarnos la vida, derrumbar el sentir humano, vernos agobiados por las circunstancias, dejarnos morir alguna que otra vez. Sólo así podremos recoger del suelo los pedazos de nosotros mismos y buscar la forma de reinventarnos de forma más impredecible, más fuerte, más unida. Darle un giro a nuestro cubo de Rubik emocional y cambiar la contraseña de nuestro candado mental.
Que puedan derribarnos, sí, pero que no sea tan fácil.
Así que no me queda otra opción. Es necesario hacer lo que voy a hacer. Hay que empezar a reconstruir lo roto y desechar tangentes que me llevan al mismo círculo vicioso. Hay que empezar a tomar perpendiculares que me alejen del punto de no retorno y me acerquen a una solución o a una salida.
"No one else can make feel the colours that you bring" se escucha por la habitación junto con los repitiqueos de las chispas de la chimenea. Minnie Riperton y su voz tan melódica.
Estoy de pie frente al ventanal, como viene siendo costumbre, mientras miro el tiempo, el aire, el presente. Creo que ya va siendo hora de cambiar el chip y de reprogramar las barreras de afectividad violadas.
Porque volaron. Volaron por los aires como la explosión de unos fuegos artificiales.
Porque ardieron. Ardieron como los troncos de leña seca sobre un fuego apabullante.
Porque cedieron. Cedieron como los eslabones de una cadena que no soportan más fuerza ejercida en direcciones opuestas.
Cogí el mando y subí un poco el volumen mientras se escuchaba a Coldplay cantar. "When I fall, I fall so far. I wanna fall, fall so high and call it magic, call it truth"
Era un alter ego que aguardaba escondido en un cajón para no ser sobreexpuesto y que ya estaba acabando su ciclo.
Empezaban a percibirse las notas más agudas de un piano y la inconfundible voz grave de Nina Simone fluyó por todos lados. "I put a spell on you..." y me eché a reir por lo bajo. Quizá los de ella funcionaban pero los míos se ve que son del Magia Borrás.
Me senté en la mecedora de la habitación de cara al ventanal, fui a la última hoja, la última que quedaba vacía, cogí el bolígrafo azul del lateral y empecé a dejar fluir la tinta por aquel amigo confidente por última vez.
"En el refugio de siempre: algún día de algún mes de 2016
Volvemos a encontrarnos donde siempre pero que dejará de ser siempre para ser un érase una vez. Otra vez con el café. Otra vez ese tímido sol que entra por el ventanal dándome un poco de calor. Otra vez aquí. Otra vez así.
Sabíamos que pasaría. Lo sabías tú, que eres tú por ser pedacitos de mí, y lo sabía yo, que soy yo por ser pedacitos de la zozobra del azar.
Sé que sabes. Sabes que sé que hay que ser muy estúpido o muy idealista para seguir pendiendo de un hilo tratando de ser un trapecista con tijeras en los pies. Cada paso que he dado en esa frágil línea ha afilado esa cuchilla que ha friccionado la cuerda. La ha deshilachado.
La última vez te escribí pidiendo un punto de inflexión y así ocurrió. Encogí los pies, se cortó la cuerda y caí aunque me agarré donde pude.
Ya está todo hecho. No es sano seguir cruzando un mar de inquietud sobre el apoyo de la inseguridad y no quiero seguir persiguiendo un tesoro tan esquivo. Un paso adelante y él da dos hacia atrás.
No puedo y ya sabes que pienso que poder no va ligado al querer. El impulso, el sentimiento, la intensidad, la duración comienzan y acaban en ti pero lo que lo hace posible el deseo, lo que lo lleva hasta su última consecuencia no nace de ti pero puede morir contigo.
Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana, dicen por ahí. ¿Y si la ventana tiene echado el pestillo? ¿Y si la ventana está cerrada por fuera? Habrá que buscar otra salida y sabes que esta es la única que dignamente lo cumple.
Volvemos a encontrarnos donde siempre pero que dejará de ser siempre para ser un érase una vez. Otra vez con el café. Otra vez ese tímido sol que entra por el ventanal dándome un poco de calor. Otra vez aquí. Otra vez así.
Sabíamos que pasaría. Lo sabías tú, que eres tú por ser pedacitos de mí, y lo sabía yo, que soy yo por ser pedacitos de la zozobra del azar.
Sé que sabes. Sabes que sé que hay que ser muy estúpido o muy idealista para seguir pendiendo de un hilo tratando de ser un trapecista con tijeras en los pies. Cada paso que he dado en esa frágil línea ha afilado esa cuchilla que ha friccionado la cuerda. La ha deshilachado.
La última vez te escribí pidiendo un punto de inflexión y así ocurrió. Encogí los pies, se cortó la cuerda y caí aunque me agarré donde pude.
Ya está todo hecho. No es sano seguir cruzando un mar de inquietud sobre el apoyo de la inseguridad y no quiero seguir persiguiendo un tesoro tan esquivo. Un paso adelante y él da dos hacia atrás.
No puedo y ya sabes que pienso que poder no va ligado al querer. El impulso, el sentimiento, la intensidad, la duración comienzan y acaban en ti pero lo que lo hace posible el deseo, lo que lo lleva hasta su última consecuencia no nace de ti pero puede morir contigo.
Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana, dicen por ahí. ¿Y si la ventana tiene echado el pestillo? ¿Y si la ventana está cerrada por fuera? Habrá que buscar otra salida y sabes que esta es la única que dignamente lo cumple.
Te deshojarás de mi y yo me deshojaré de todo lo que me une y me separa al mismo tiempo. No mereces llenar más tu transparencia de mis dedos llenos de miedo. No mereces que tu limpieza sea invadida por mis trazas de amargura.
Necesito huir, escapar, transformarme. Un giro donde nada cambie pero que me cambie entero antes de seguir perdiéndome. Ser un yo recolocado con unas nuevas piezas de puzzle porque estas están encajando solo a martillazos.
Que siga habiendo paz en mi desastre, que siga habiendo luz en mi celda.
Acuérdate de mí. De lo que queda de mí. Hemos ido desgajando un alma que se ha vuelto quimera. A trozos roja, a trozos azul. En unos lados redonda, en unos lados afilada. En espacios continuos, en espacios con acantilados.
No ha habido puntos medios sino fuegos intensos. Buenos o malos, más malos que buenos. Queman, ennegrecen, fatigan, resquebrajan. ¿Qué más queda en esta desolación sin paliativo?
Quédate lo que queda de mí porque ya no me hace falta. No es un requisito para seguir respirando porque si lo fuera, ya me habría ahogado.
Quédatelo. Aquí te lo dejo. Que termine de arder pero que no arda conmigo. Que no me haga sentirme más vivo porque sólo soy un fénix a medias. Me convertirá en ceniza y nada saldrá de ellas.
Tómalo. Aquí lo tienes. Nadie lo reclama, ni siquiera yo mismo.
Por favor, no me odies. Sabes que no es mi culpa. Yo no dirijo las leyes universales. Las mentes que de recuerdos tienen huecos, de ausencias se mueren.
Quizá sea un error pero estoy volviendo al punto de no retorno. Será buscar lo imposible, será algo de lo que me privo.
Eso será mi bendición y mi castigo.
A."
Que siga habiendo paz en mi desastre, que siga habiendo luz en mi celda.
Acuérdate de mí. De lo que queda de mí. Hemos ido desgajando un alma que se ha vuelto quimera. A trozos roja, a trozos azul. En unos lados redonda, en unos lados afilada. En espacios continuos, en espacios con acantilados.
No ha habido puntos medios sino fuegos intensos. Buenos o malos, más malos que buenos. Queman, ennegrecen, fatigan, resquebrajan. ¿Qué más queda en esta desolación sin paliativo?
Quédate lo que queda de mí porque ya no me hace falta. No es un requisito para seguir respirando porque si lo fuera, ya me habría ahogado.
Quédatelo. Aquí te lo dejo. Que termine de arder pero que no arda conmigo. Que no me haga sentirme más vivo porque sólo soy un fénix a medias. Me convertirá en ceniza y nada saldrá de ellas.
Tómalo. Aquí lo tienes. Nadie lo reclama, ni siquiera yo mismo.
Por favor, no me odies. Sabes que no es mi culpa. Yo no dirijo las leyes universales. Las mentes que de recuerdos tienen huecos, de ausencias se mueren.
Quizá sea un error pero estoy volviendo al punto de no retorno. Será buscar lo imposible, será algo de lo que me privo.
Eso será mi bendición y mi castigo.
A."
Puse punto y final a la última historia y al diario. Antes de cerrar la tapa dejé la esencia de mi dentro de él. Ese era el final último de lo que le escribí.
Lo dejé sobre la mecedora y me dispuse a acabar lo que ya estaba empezado.
Cuando me puse en pie, visualicé la habitación. Alzando la vista fui consciente del vacío que yo mismo había provocado.
"Hasta aquí" fue la última frase que mi boca pronunció mientras cerraba la última caja de cartón. Mi voz resonó con fuerza imponiéndose a la melodía de Years&Years que salía del altavoz. "I was biting my tongue, I was trying to hide. I'll forget what I've done. I'll be redefined"
Qué curioso es ver como toda una vida puede ser empaquetada en tan poco. En tan poco espacio, en tal poco tiempo, en tan poco cuerpo.
Si yo ya me iba, ya era momento de dejar entrar otras cosas. Abrí las ventanas y las cortinas se movían y se ondulaban al son del viento de levante.
Empecé a echar sábanas blancas sobre todo aquello. Sillones, mesas, lámparas. Hasta pararme en el espejo de pie. Me devolvía el reflejo de un yang inalcanzable que de pie observaba a un cuerpo por el yin consumido. Quizá, si algún día vuelvo para recuperar mi condición de humano, romper ese espejo me lleve a cruzar al otro lado.
Y ese espejo recogió la imagen de un cuerpo que lo tapaba para evitar seguir ejerciendo su reflejo vacilante.
Cuando acabé de cerrarlo todo, me volví a asomar por el ventanal que daba al jardín. Tuve que sonreír porque aquella imagen fue la confirmación de que la decisión tomada era inexorablemente cierta. Ya no quedaban margaritas. Estaban todas deshojadas.
Y, por fin, mientras el fuego seguía ardiendo tomé el diario. Lo abracé fuerte porque todo lo que me hizo sentirme vivo estaba en esas hojas encuadernadas. Como ya le había tatuado en su celulosa, esto era un siempre que se transformaba en un nunca jamás sin redención. Y así fue.
Antes de arrepentirme, lo arrojé al fuego y vi como ardía mientras me dolía la garganta. Garfios, ganzúas, espinas y fuego se fundían en mi cuello. Eso era un momento que no sería posible de tragar.
Bajé las escaleras mientras sonaba la última canción en esa casa. Vanesa Martín sería la clausura de la última tragicomedia que actuaba en esos cuatro alegóricos pilares. "Pero no me tiembla el pulso si te veo. Y me imagino ya durmiendo sola porque no me duele este vacío que dejas en este amanecer de largas horas. Del amante amor, al amigo amor. Se me fue el amor, se me consumió."
Efectivamente.
Salí enfrentándome de cara al frío y cerré la puerta. Todo dependía de cerrar esa puerta porque en el sótano de nuestro fracaso siempre puede haber un piso más.
Fui donde las margaritas hacían presencia de su ausencia, enterré la llave y me fui sin girar la cabeza.
Ese era un camino nuevo hacia ningún sitio, hacia ninguna parte. Cuando no sabes el rumbo que tomar siempre da igual el camino que quieras coger.
Eso sí, eché a andar.
Por la perpendicular del cuento de nunca jamás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario