Nuestra naturaleza y raciocinio nos impiden sobrellevar la vida sin valorar si lo que hacemos está bien o mal, si lo que tenemos es justo o injusto, si nuestra vida es buena o deplorable, si nuestros actos son justos y buenos...
¡Ay! Maldito raciocinio... Hoy me atormenta a mí. En estas cuatro paredes. Iluminado bajo una tenue luz que ahuyenta la oscuridad que rodea la habitación. Descalzo, notando toda mi gravedad...
Sí, hoy es día de balance. La mente después de exámenes siempre es propensa a hacer balances... Por lo menos del curso. Pero es inevitable, enredar pensamientos que se entrelazan finamente tejiendo una delgada tela que cae, despertando mis mecanismos de alerta.
En este día de verano, recapitulo mi vida. O al menos una parte de ella.
En estos años... Tantas cosas se han ganado o perdido. Tantas puertas se abrieron, cerrando otras. Ese valor de marcharse de lugares en los que la comodidad era la constante para llegar a lo desconocido. Con miedo, sí. Pero llegando.
También muchas personas han llegado a mí, durante mi existencia. Pero mi balance lo hago con las que vinieron y se quedaron. Las que son parte de mí. Las que estuvieron, están y estarán.
Y sí, cada etapa académica me ha traído más tesoros a mi vida. Me los ha puesto en bandeja y creo que he sabido alargar la mano en el momento correcto y escogiendo sabiamente. Es posible que me equivocara, quien sabe... El tiempo lo dirá.
Mi infancia fue tan feliz... Añoro esa ingenuidad y esa despreocupación. Aún recuerdo tardes de toboganes, paseos con mis abuelos en los que les leía cada cartel que veía mientras ellos reían, niños rompiendo juguetes que, crédulamente, intentaban pegar con un yogur, manos llenas de plastilina, risas y llantos por no dejarme jugar hasta el infinito con mis amigos... Amistades que eran para siempre... Bendita infancia y bendita familia...
Mi etapa Primaria me trajo a los compañeros de risas, de compartir mitad del almuerzo, de ceras de colores, de libros, de cumpleaños con tarjeta de invitación, de inocencia y libertad, de juegos a la luz de una pelota de papel de aluminio... Y es cierto, fui una pieza difícil de encajar, pero me llevé un nutrido grupo del que hoy, muchos forman parte de mi vida.
Mi etapa Secundaria perfiló ese diamante en bruto. Lleno de muchas más risas. De llantos y despedidas. De nuevas incorporaciones. De libretas que sobrevolaban un aula con olor a cerrado... Esos años lo tallaron. Lo esculpieron. Retiraron las impurezas y residuos de su superficie y me entregaron un diamante brillante, listo para lucir... Y disfrutar.
Y con ellos, llegó mi Bachillerato... ¡Ay, bendito Bachillerato! Fue una explosión que me cegó... Me dejó temblando de miedo al entrar y me soltó temblando de emoción al salir. Esos años fueron absolutamente pletóricos... Como un fulgurante meteorito, impactaron en mi vida muchas nuevas personas, que a pesar de no ser uña y carne, me demostraron lo importantes que podían llegar a ser en mi vida. Esas personas para las que siempre tendré un mensaje escrito mientras esbozo una sonrisa. Para las que siempre tendré tiempo para un "¿Qué tal? Cuéntame como va todo.". Para las que siempre habrá una añoranza, una remembranza de esos momentos en los que estuvimos mano a mano... Para esas, que saben quienes son, gracias por aparecer en mi vida y por manteneros en ella.
Pero no todo fue coser y cantar, dejarse llevar y fluir con las circunstancias... La vida siempre gira y no siempre hacia el mismo lado. Esos años también me enseñaron a valorar, sobre todo las cosas que se pierden. Las personas que dejan de darte la mano para no volver a ti nunca más. Sangre de tu sangre por las que pasa el ciclo de la vida... Nunca fue fácil crecer, pero crecer es vivir, y vivir, es un regalo, aunque a veces sea un dolor... Pero eso, es otro cantar.
Tras ello, llegó la aspiración máxima... Llegar donde he llegado. Las noches en vela, los llantos de alegría, las risas de amargura, las uñas mordidas, los pelos de punta, el cuerpo temblando... Todo dio su fruto y, sobre todo, el placer de poder compartirlo.
Ante mí se abrió un nuevo mundo. Mis futuros compañeros de profesión me esperaban con los brazos abiertos... Hoy, sé que estar donde estoy ha sido una gran recompensa y una gran elección. Aquí, yo soy yo. Y no es que antes no lo fuera, pero hasta entonces he sido sincero sin ser franco.
Con todos ellos, que nuevamente impactaron en mí de manera sobrenatural, el secreto fue revelado. Yo soy yo y estoy tan orgulloso de todos ellos... Hoy, ellos son parte de mi vida y mi familia, y espero yo, ser parte de la suya...
En cuanto a mi familia, creo que caí en el sitio correcto, preciso, necesario y perfecto. Siempre han sabido darme la mano cuando me he estado ahogando. Siempre han sabido darme un abrazo cuando necesitaba llorar. Siempre han estado ahí, encima de mí, tanto para llevarme al médico o hacer de profesores de estudio como para reñirme por algo que he dicho o hecho. Siempre me han intentado guiar por lo correcto... Y sobre todo, siempre me han dado amor.
En general, creo que el balance, en jerga financiera, ha supuesto más beneficios que gastos. No obstante, me he ido dando cuenta que los "gastos" se acumulan y a veces pueden suponer la "bancarrota", pero que los "beneficios" pueden generar un "superávit" mucho mayor... La vida, es cambio, pero yo soy camaleónico...
Y hasta aquí, mi raciocinio me deja hacer balance... Ahora, ese mismo raciocinio me deja en brazos de Morfeo mientras un poco de aire acaricia mi piel...
Y ahora, aire, llévame contigo...