Y bien, creo que este fragmento me viene como anillo al dedo para reflexionar sobre este tema...
Llevo ya bastante tiempo pensando sobre que será lo que tiene eso del amor para que nos pueda nublar tanto el juicio... Y no me refiero a la dopamina, la oxitocina, la endorfina o la adrenalina, no. No seré yo el que se aventure en el intricando laberinto de la bioquímica del amor.
Pero, ya fuera de bromas, realmente es muy frustrante ver como ese "amor" es capaz de absorber a las personas y mermarlas de tal modo que dejen de dar lo mejor de sí. Al menos con los que están a su alrededor y no son sus "amores".
Y no hablo por hablar, no. Ni tampoco es por mí, por suerte. Esto es el preludio de una muerte anunciada. Esa muerte que te hiere sin herida, que te deja sin aliento y que te exprime hasta la última gota. Y por ello, aquí esta mi lloro. Mi llanto. Mi suplicio y mi desdicha.
Y es que odio ese emborrachamiento de "amor". Y sí, hablo de "amor" y no de amor. Porque realmente, ¿un amor que se vuelve enfermizo, que se vuelve dependiente, que se vuelve mortal y que se emponzoña, es realmente amor? Sinceramente, creo que esa concepción dista mucho del (mi) concepto de amor.
Es frustrante visualizar un "amor" ajeno donde la pena y las lágrimas son una constante cuasidiaria. Y lo peor no es visualizarlo como un espectador que ve una película en un cine, donde al salir por la puerta de la sala, deja atrás al personaje proyectado con el que sufrió y con el que echó la lágrima al vivir también su amor de verano. Lo impotente es ser el espectador y componente pasivo de una "película de amor" bastante mal hecha.
Me explico con lo de componente pasivo. Sí, es ser parte de ese " amor" sin participar activamente en él. Es ese tipo de persona que llora cuando llora uno de los amantes, que ríe cuando ríe, que aconseja cuando se derrumba y mantiene un lazo indiscutible con esa persona. De tal modo, no participa en ese amor (ni quiere) pero sufre las consecuencias.
Pues, ¡enhorabuena! Soy uno de ellos.
He aquí mi pena. Estoy harto de la impotencia del componente pasivo de esa historia de "amantes de Teruel". No llego a comprender cómo una persona puede seguir sintiendo por alguien que no siente y por alguien que te demuestra día a día lo que vale. Mi inteligencia no admite que; unos ojos que ven como los míos, unos oídos que escuchan como los míos y un corazón que siente como el mío; no funcionen en absoluto y que te tengan en una burbuja de falsa felicidad (por cuatro momentos de pseudofelicidad) donde la pretensión al autoengaño supera con creces al infinito y donde cada intento por forzar la situación te eleva más y más alto. Y recordemos que cuánta más alta la altura, mayor es la caída. Es física pura.
No puedo entender cuando una persona recibe un bofetón y pone la otra mejilla. ¿Por qué? ¿Qué mierda tiene ese "amor" para morir por él cuando es precisamente él el que mata y envenena? ¿Qué tiene ese "amor" para ignorar a los que ocupan puestos clave en tu vida y seguir alimentando insanamente esa relación? Insultos, desprecios, lágrimas amargas, desdichas, rejas, fuerzas del orden y sí, quizás mucho sexo y algún momento feliz, pero ¿qué más necesitas? ¿Un puñal que atraviese tu inocente cuerpo?
Quizás se vea aplicada mi bautizada Ley de la Ponzoña Admitida, es decir, dejas caer esos pilares de tu vida por un pilar emponzoñado que envenena al resto y obnubila tu propia caída. ¿Y por qué caen? Por no oírlos por no sentirlos, por no entenderlos y por no escucharlos. Y, ¿para qué? Para ver las ruinas de lo que fue y aferrarte a esa ponzoña que sabes que jamás permitirá crecer nuevos pilares. Luego, la balanza estará tan inclinada hacia el lado del veneno que no habrá torre que la equilibre.
Parafraseando a Pleberio: "Ni sé si hieres con hierro ni si quemas con fuego. Sana dejas
la ropa; lastimas el corazón. Haces que feo amen y hermoso les parezca. ¿Quién te dio tanto poder? ¿Quién te puso nombre que no te conviene? Si amor fueses, amarías a tus sirvientes. Si los amases, no les darías pena. Si alegres viviesen, no se matarían [...] Enemigo de toda razón, a los que menos te sirven das mayores dones, hasta tenerlos metidos en tu congojosa danza. Enemigo de amigos, amigo de enemigos, ¿por qué te riges sin orden ni concierto? Ciego te pintan, pobre y mozo. Pónente un arco en la mano, con que tiras a tiento; más ciegos son tus ministros, que jamás sienten ni ven el desabrido galardón que saca de tu servicio. Tu fuego es de ardiente rayo, que jamás hace señal donde llega. La leña que gasta tu llama son almas y vidas de humanas criaturas"
Ay si fuera yo el Amor, ¡ay! Cuántas flechas no habría lanzado al aire antes de a ciertas personas... ¡cuántas! Y cuánta maldición al momento en el que esa flecha se introdujo; inundando de un camuflado sentimiento cada célula, cada pensamiento y cada resquicio de juicio; en esos cuerpos que, por lógica pura, nunca debieron cruzarse.
Y ese es el fuego con el que lidiar día tras día... El llanto y el insulto, la desesperanza, la desesperación, la rabia y la impotencia.
Llanto, de ver el llanto en el ser que tanto quieres y el insulto escupido por el ponzoñoso "ser"
Desesperanza de que esa maldita relación asquerosa nunca finalice.
Desesperación tras ver que lo lógico no llega y que el Karma se despista.
Rabia de no poder aplicar el primario instinto de la fuerza con alguno que otro.
Y la impotencia de sólo ser un espectador que sólo puede influir en el director pero no en su película.
Y sinceramente, cuento las horas, los minutos y los segundos para que esta asquerosa película acabe.

Albertooooooo que me ha encantado! Que te cu. Sigue así.
ResponderEliminarMe encanta como usas el vocabulario, palabras cultas y precisas para expresar lo que sientes :)
ResponderEliminarAl pelo Alberto. No me gusta el tema en sí, pero has conseguido hacerme adicto a tu blog. ;)
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